RADIO MAGAZZINE

1658842376100

DEPORTES EN EL RECUERDO - LA GLORIA vs EL SANTO

LAS CRÓNICAS DEL FÚTBOL

EL DÍA QUE EL FÚTBOL CASI MUERE DESANGRADO

A minutos de empezar Instituto y San Lorenzo en Córdoba, una bomba estalla en el vestuario visitante hiriendo de gravedad al jugador Claudio Zacarías. Crónica y fotos inéditas de una pesadilla inconcebible.

Sí, criminales, como dice Lobbe. Las manos que pusieron la "bomba de pirotecnia" (informe oficial de la policía cordobesa), los ideólogos, si los hay. Se trataba de un partido de fútbol, estaban por jugar Instituto y San Lorenzo en el estadio de Alta Córdoba. Sí, por jugar, porque Juan Carlos Loustau ya estaba en la cancha, había salido a las 15.25, antes que los equipos. Se acercó al círculo central, giró, miró hacia el túnel, de pronto vio una seña, escuchó una voz llena de angustia...

Aquí comienzan los relatos, parece una pesadilla pero es real. Cuenta el Nano Areán: "Nos volvimos locos todos, yo salí del vestuario y le empecé a gritar a Pichi (se refiere a Loustau): vení que pusieron una bomba'. Pichi estuvo diez puntos, otro juez se queda en la mitad de la cancha y sí sale Instituto no sé qué pasa".

Lo que vio Loustau, al volver de la cancha, despejó todas sus dudas: el horror se había instalado en el vestuario de San Lorenzo. El árbitro se apoyó en una pared, a él también lo abofeteaba una mano demencial. Varios gritos piden paso para una camilla que transporta un herido envuelto en toallas, la mirada perdida, perdiendo sangre, haciendo un camino color rojo. Es Claudio Hugo Zacarías, 23 años.

Los hombres de EL GRAFICO llegan en ese momento. Comienza una tarea de reconstrucción. El Bambino Veira tiene un ataque de nervios. 'Esto es lo más grave que vi en una cancha de fútbol, son asesinos, asesinos..." Los jugadores de San Lorenzo se miran entre ellos, hay otros heridos, nadie lo puede creer. Chilavert volvió de la calle, con otras personas llevó la camilla en un furgón de la policía que se utiliza para transportar tropas y ahora llora con sonidos espasmódicos. Hay sangre en el piso, vidrios rotos, voces, una sensación de caos. A las 15.40 alguien habla de dadores de sangre, todo transcurre con una sensación de vértigo.

Veira había dado la charla técnica, el profesor Weber terminaba de marcar los ejercicios de elongación, eran las 15.24, los jugadores completaban una ceremonia futbolera: ponerse la camiseta, ajustar el cordón de los zapatos. Algunos, no todos, vieron un resplandor a través de los vidrios que cerca del techo del vestuario actúan como un ventiluz. Enseguida un ruido ensordecedor. Marcelo Trento, de LV 3 de Radio Córdoba, estaba con los auriculares puestos, en el hall contiguo: "Fue una explosión tremenda, parecía que el piso se movía. La puerta del vestuario se abrió y escuché gritos, algunos jugadores salieron como locos, a medio vestir'.

Otra vez Areán, para recordar esos segundos infernales: "Yo hablé con Zacarías, un momento antes, le dije que todo tipo de Instituto que apareciera a espaldas de Giunta o Siviski eran hombres de él. La charla la había dado el Bambino, pero yo siempre agrego cositas. Me di vuelta, caminé un par de pasos y escuché la explosión. Al lado de Zacarías estaban Chilavert, Siviski y Giunta…".

Los médicos mantuvieron la calma en todo momento, lo mismo que Weber. El presidente Miele estaba en el hall contiguo, ya se iba para el palco oficial. Volvió, miró lo que ocurría y cayó en un profundo shock nervioso; tardaría más de media hora para reponerse.

El doctor Rodofile confiesa en la noche del domingo, cuando la delegación emprende el regreso desde Pajas Blancas. "El primero que atendimos fue Zacarías porque era el que más sangraba, en un primer momento no me di cuenta de la gravedad, hasta que le vi la cara a Lobbe. Apenas lo vio me comentó: 'Hay que He-vario enseguida, no me gusta nada'. Se hizo una compresión de emergencia. El pibe se asustó cuando vio tanta sangre. Pobrecito, me dijo Lobbe que en el camión de la policía, llegando al hospital, le dijo: 'Doctor, no me deje morir'. Si Dios quiere de ésta sale bien".

Todo ocurrió al lado de Chilavert, quien resultó con heridas menores, al igual que Siviski. "Cuando escuché la explosión —cuenta el arquero— hice un gesto instintivo, como si me defendiera de una piña en la cabeza. Creo qué Zacarías hizo lo mismo y eso lo salvó de una muerte segura, porque el bloque de vidrio le dio en la axila. Los dos estábamos debajo de la ventana donde pusieron la bomba. Dios no quiso que me pasara a mí, pero estoy loco, nunca creí que por el fútbol se hicieran cosas como ésta."

La sangre de Zacarías cubre un sector del vestuario, las corridas mancharon medias y zapatos y el color púrpura va dejando huellas en todos los rincones, como extendiendo el sentimiento trágico. El bloque de vidrio que cayó de la ventana, el más grande, mide cincuenta centímetros por cuarenta, parece una guillotina. Lo es, porque tenía un mensaje de la muerte.

El desconcierto se instaló en el estadio. Las portátiles llevaban noticias pero faltaba una definición. Loustau estaba en su vestuario, indeciso. ¿Qué hacer? El reglamento tiene pautas, precisiones. Se reunió con Fernando Miele y Angel Desidero Gutiez (presidente de Instituto) en el despacho de este último. Se intentó una llamada a la casa de Julio Humberto Grondona, pero las comunicaciones fallaron. Miele dijo que sus jugadores no podían entrar a una cancha de fútbol. Gutiez no lo exigió expresamente, pero insinuó que el partido debía jugarse. Por fin, Loustau hizo lo más atinado: 'Suspendí por recomendación de los médicos, los jugadores de San Lorenzo no podían actuar en ese estado de ánimo y bajo esas condiciones". A las 16.22 el partido quedaba a decisión de la Asociación del Fútbol Argentino. A esa misma hora un jugador de fútbol estaba en el quirófano, todavía vestía parte de su atuendo profesional.

Ya estaba actuando la Comisaría 7° de la Policía de Córdoba, incluso con apoyo de la División Criminalística. El cabo Ricardo Almada estaba a cargo de la vigilancia en la puerta del vestuario de San Lorenzo. "Los que pusieron la bomba entraron por la puerta 24, que da a un sector de boleterías en desuso. Hay que ver cómo llegaron hasta ahí, si alguien abrió o forzaron la puerta."

¿Es como dice el cabo? Con el correr de los minutos se sumó otra teoría. Se habría forzado una pequeña ventanita de esa boletería y por ahí tiraron la bomba de estruendo ("pirotecnia" en el lenguaje oficial). La fuerza expansiva habría roto el vidrio del ventiluz y sobrevino el dramático episodio. Un detalle que no pasó inadvertido. Ese ventiluz está compuesto de cuatro sectores: tres tienen vidrio con refuerzo de metal, el que se cayó era de menor calidad, sin defensas y por la masilla de su contorno se apreciaba que había sido colocado uno o dos días antes. ¿Casualidad? Sí, puede ser casual...

Los jugadores de San Lorenzo no creen en la teoría de la ventanilla forzada. Ellos dicen que la bomba estaba colocada y que se accionó con una mecha, que sería ese fogonazo que vieron algunos antes del estruendo que hizo estallar el vidrio. Es la idea que tiene puntos de contacto con la visión del cabo Almada.

¿Quién puso la bomba? En la medianoche del domingo la policía seguía investigando. ¿Mano de obra desocupada? Alguna vez lo dijo un ministro del gobierno. ¿Reaparecieron en el fútbol? ¿Gente allegada a Instituto? Parece imposible, no se está jugando ni el descenso ni un campeonato, que a veces despierta mentes enfermizas en los clubes. ¿Un intento de amedrentar un rival y la bomba causó efectos no deseados? Podría ser. Una vez dos imbéciles se pusieron a jugar con bengalas en la cancha de Boca y mataron a un inocente llamado Roberto Basile. Todas las preguntas tienen fundamento. Y cualquiera sea la respuesta, para sus autores, sólo cabe un grito: ¡Asesinos!


Publicar un comentario

0 Comentarios

Close Menu